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Las ruedas deshinchadas y el fuera de límites

Por lowgolf

Lugares comunes del golfista amateur en los que yo soy el primero que caigo de una manera terca y pertinaz:

–El problema es el indio, no las flechas.

–Para qué voy a cambiar de palos si no bajo de hándicap 20.

–De qué me va a servir a mí un fitting si no tengo ni idea de cuándo pego bien o mal a la bola.

–Y lo que es peor, si cuando pego bien o mal no sé ni por qué ocurre.

–¿Una bola pro? Eso ya lo dejo para cuando haga pares y birdies…

Seguro que más de una y dos veces habrán tenido este debate en su club de golf. Yo siempre he sido un fiel defensor de todas las afirmaciones anteriores. Incluso alguna vez he ido más allá y he mascullado hacia dentro en un tee cualquiera de un campo cualquiera de golf: “’ande’ irá ese con el último modelo de driver de la marca de McIlroy si no es capaz de bajar de hándicap 32…”.

Pues bien, hoy me he levantado guerrero, me he mirado al espejo y estoy por reventar todas mis creencias. Sí, señores, lo admito, estoy absoluta y puerilmente equivocado. Todas las afirmaciones que encabezan este artículo son absurdas, una pataleta, excusas baratas de jugador malo…

Si uno quiere mejorar en este bendito deporte, además de practicar todo cuanto pueda, dar alguna clase que otra de vez en cuando y jugar aquí y allá un torneo, necesita cuidar su material. No hay tutía. Es como si uno apenas hace dos o tres viajes a lo largo del año y tiene un coche con las ruedas desinfladas, el asiento sin gomaespuma y los limpiaparabrisas sin goma. Total, para lo que yo conduzco. O aquel que ve la tele como si la imagen aún estuviera codificada porque apenas la quiere para ver el partido de su equipo. Es ridículo.

Dejando el asunto económico a un lado, que es evidente, si no hay dinero para mejorar el material pues se aguanta uno con lo que tiene, quiero reivindicar el valor y la trascedencia de hacerse un buen fitting antes de comprar unos palos de golf. Da igual que nosotros no tengamos ni idea de cómo, cuánto ni por qué pegamos bien o mal a la bola. Eso ya lo interpreta el profesional que esté contigo, que analiza los datos en el ordenador y que te ayudará a elegir qué palos se adaptan mejor a tu tipo de golpe. Aunque no lo creamos, más o menos, siempre pegamos igual a la bola. Tenemos un swing, aunque sea de aquella manera. Así que sí, señores, hay un palo, una varilla, una cabeza, un loft o unos grados que nos van mejor que otros. Es de cajón de madera de pino.

Vamos a dejarnos ya de falsas creencias, siempre y cuando, ojo, realmente tengamos ganas de seguir mejorando nuestro golf. Si no, pues a otra cosa y mucha suerte con esas ruedas deshinchadas, tengan cuidado con el fuera de límites.

lowgolf

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