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Lo repetíamos como papagayos…

Por lowgolf

Se vendieron todas las entradas en la jornada final, más de quince mil, un auténtico milagro en unos Juegos Olímpicos como los de Río, evento en el que el cemento y los asientos huérfanos han sido y son una constante. “Se han vendido todas las entradas, todas, toditas, todas”, repetíamos como papagayos quienes andábamos pendientes del impacto del golf en su retorno a los Juegos, siempre acomplejados (reconozcámoslo) por la insufrible etiqueta elitista que pende sobre este deporte. Como si aquello a lo que se llama élite (por supuesto, todo al final tiene que ver con el parné) fuera por decreto populista y sin excepción algo así como un ente infame, bochornoso; como si, además, no hubiera millones de golfistas aficionados en el mundo que no se manejan precisamente entre yates, cócteles, cash y flow…

No sólo fueron las entradas, indicador potente y perfectamente medible. O las audiencias en abierto, cuyo valor en un país como España, si nos atenemos a los datos que ha dado RTVE, es incalculable.

No solo ha sido tampoco el éxito deportivo del torneo en sí mismo, con dos grandes estrellas jugándose el oro en el hoyo 72. Existen corrientes eléctricas que no pueden cuantificarse en vatios, que chisporrotean en el ambiente. Porque no había impostura en las declaraciones o en el análisis de la experiencia de los protagonistas y es muy probable que su mensaje también haya calado. Los jugadores han experimentado sensaciones nuevas, se han visto arrastrados por la marea mágica de la Villa, por el imán de las grandes estrellas, deportistas como ellos, por el sentido de pertenencia a un grupo, a un equipo.

Es probable que haya unos cuantos chavales en España que vibraron cuando alguien les explicó, o ellos mismos vieron, que Rafa Cabrera Bello estaba luchando por el bronce a nueve hoyos del final. Es posible que a más de uno de esos niños les atravesara también el aullido desgarrador de Sergio en el hoyo 15 del domingo, después de fallar un putt de birdie de dos metros, justo cuando comprendió que se quedaba sin margen y que su remontada iba a quedarse corta…

Puede que incluso algún concejal-alcalde-consejero-presidente se haya despojado por un momento, por un solo momento, de la pesada túnica de la ideología, la demagogia y los clichés, y valore el papel que el golf puede desempeñar como motor de la economía en su pueblo, región, autonomía o país… Soñar es gratis.

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